Cincuenta años de hermandad: crónica de un reencuentro entre Ancud y Esquel y de los festejos de una amistad inquebrantable
El tiempo avanzaba marcando noviembre, y los días 14 y 15 la comunidad rotaria de la ciudad de Ancud despertó envuelta en un aire diferente: la expectativa de una conmemoración largamente esperada. Desde temprano, los colores y las insignias rotarias se multiplicaban, señal inequívoca de que la hermandad tejida medio siglo atrás entre los clubes de Ancud y Esquel volvería a celebrarse cara a cara, con la promesa renovada de amistad perdurable.
La mañana inaugural reunió a socios y socias de ambos clubes, así como a integrantes del Club Satélite Ancud. Los saludos, las sonrisas y los abrazos cruzaron la frontera invisible de los años y los kilómetros. Pronto, la ocasión cobró solemnidad: entre los asistentes destacaban las figuras de Santiago Suescún, gobernador del Distrito 4921 de Argentina, y Marco Cid, del Distrito 4355 de Chile, a quienes se unió el exgobernador Alberto Osre, acompañados todos de sus señoras. Las palabras fluyeron entre recuerdos y expectativas, abriéndose paso entre los presentes la certeza de estar viviendo un momento histórico.
La primera acción colectiva llevó al grupo hasta el Taller Laboral “Sonrisa de Ángeles”, donde la calidez se volvió tangible. Allí, personas con síndrome de Down compartieron su arte y talento en números artísticos que conmovieron a propios y extraños, mientras exhibían orgullosas las creaciones surgidas de sus manos. La emoción se transformó en apoyo concreto cuando ambos clubes entregaron aportes económicos, orientados a posibilitar una gira educativa por la Décima Región de Los Lagos, desafío que la comunidad del taller había hecho suyo.
Poco después, una delegación formada por los representantes de los clubes y los Gobernadores fue recibida en audiencia por el alcalde de la comuna, don Andrés Ojeda Care. Entre saludos formales y conversaciones sinceras, se trazaron líneas de futuro: proyectos de cooperación mutua en beneficio de la comunidad, ideas que en ese instante empezaban a echar raíces.
Mientras tanto, los demás visitantes vivieron una experiencia inolvidable: un sobrevuelo por la ciudad, cortesía del Club Aéreo local y Rotary Club Ancud. Desde el aire, Ancud se desplegaba bajo el cielo austral como una invitación abierta a seguir construyendo puentes entre pueblos.
Ya en tierra firme, la jornada continuó en la renovada Plaza Rotary, justo en la intersección de las calles Esmeralda y Prat. Allí, bajo la mirada simbólica del Poste de la Paz, se entonaron los Himnos Nacionales de ambos países, la presidente del Club Rotario Satélite Ancud Chiloé Angélica Pérez hizo una reseña del origen de la plaza y del Poste de la Paz, el presidente del Club Ancud Alex Laubscher entregó oficialmente la Plaza Rotary a la ciudad, recibiéndola con elogiosas palabras el alcalde de la comuna, conteniendo también elogios respecto de esta actividad las intervenciones de los Gobernadores Santiago y Marco. Se desveló una placa conmemorativa que selló en metal y memoria la huella del hermanamiento iniciado en 1975, para continuar con un almuerzo de camaradería, en que las visitas y los socios locales Rotary degustaron un típico curanto, amenizado con música folclórica por el “Dúo Los Mentirosos”
El grupo folclórico Paihuen de Ancud, compuesto por niños y jóvenes, realizó en el curso de la tarde una destacada presentación dirigida a las visitas, las que bailaron animadamente, mostrando cuadros de bailes tradicionales de Chiloé y la Patagonia argentina. Este espectáculo no solo entretuvo, sino que también reafirmó el compromiso de las nuevas generaciones con la preservación y proyección de las raíces culturales de la zona. Los cuadros de baile, presentados con la energía que caracteriza a los jóvenes incluyeron danzas típicas chilotas, reconocidas por su alegría y simbolismo, así como ritmos de la Patagonia argentina, que aportaron diversidad y enriquecieron el espectáculo.
Al caer la tarde, un conversatorio dirigido por Rafael Álvarez socio del club local, reunió a quienes deseaban explorar el origen y el impacto de este vínculo. Se tejieron relatos sobre los primeros encuentros, las anécdotas compartidas, la transformación que la amistad rotaria ha obrado tanto en las personas como en las ciudades de Ancud y Esquel y se formularon ideas para reforzar aún más este lazo en el porvenir. La particularidad de esta actividad es que contó con la presencia de la socia del Club Rotario Satélite Ancud Chiloé Fidelisa Mayorga, esposa de Rubén Siegel, matrimonio que formó parte de la primera delegación de rotarios que llegó a Esquel en febrero de 1976, en reciprocidad de la visita efectuada por los socios del club de dicha ciudad a principios de diciembre de 1975. Estas delegaciones van y vienen ininterrumpidamente durante cincuenta años a pesar de las contingencias existentes en determinados momentos.
Representantes de los clubes rotarios de Ancud y Esquel, Alex Laubscher y Víctor Hugo Serra, acompañados por el socio activo de Ancud y honorario de Esquel, Ricardo Wagner, efectuaron una grata visita, motivados por una causa mayor que el simple protocolo rotario: rendir homenaje a la historia viva de la hermandad entre ambas ciudades.
La cita era especial. El destino: el domicilio de Rubén Siegel Buseyne, miembro activo de Rotary Ancud y socio honorario de Esquel y uno de los artífices de aquel lazo fundacional que, medio siglo atrás selló la amistad entre chilenos y argentinos bajo el ideal de servir. El ambiente, cargado de emoción, reflejaba la importancia del momento: no era solo una visita, sino un acto de memoria y agradecimiento.
Rubén, junto a su esposa Fide, recibió a los visitantes con esa hospitalidad que los caracteriza, y pronto la conversación se llenó de anécdotas, risas y también de silencios reverentes ante los recuerdos de quienes ya no están, pero que siguen presentes en la historia de ambos clubes. Se evocaron aquellos primeros encuentros y la ilusión intacta de construir puentes donde antes solo había distancia.
Antes de despedirse, hubo fotografías y abrazos fraternales y la promesa de nuevos encuentros. La visita no solo sirvió para reconocer a Rubén Siegel Buseyne como fundador y custodio de este vínculo inquebrantable, sino también para recordar que, cincuenta años después, el espíritu de hermandad sigue siendo la mejor bandera que pueden compartir Ancud y Esquel.
La celebración llegó a su cénit con una sesión solemne. Se intercambiaron símbolos materiales del hermanamiento, cargados de historia y significado, y se entregaron presentes como gesto de gratitud y reconocimiento mutuo. En ese instante, el salón vibró con la certeza de que el tiempo, lejos de debilitar, había consolidado la hermandad entre ambas comunidades.
Así, la crónica de estos cincuenta años no es sólo el relato de un aniversario; es la historia viva de un lazo ininterrumpido que desafía fronteras y generaciones, ejemplo elocuente de cómo la solidaridad, el servicio y la amistad nacida en Rotary pueden dejar una huella indeleble en el corazón de los pueblos, transformándose en una prueba viva de la cuarta línea de acción del Objetivo Rotario, que es promover la comprensión internacional, la buena voluntad y la paz entre las naciones a través de la confraternidad mundial de líderes unidos por el servicio.

