Homenaje a un rotario, ciudadano y amigo ejemplar

Despedimos a través de estas líneas a Evar Pérez Muñoz, movidos por el profundo agradecimiento por la vida de un hombre que dedicó su corazón y esfuerzo al servicio rotario y a la formación de nuevas generaciones. Elevamos este homenaje para celebrar su legado y para compartir el impacto imborrable de su compromiso con nuestra institución y con Ancud.

Evar ingresó al Rotary Club Ancud el 1 de julio de 1983, iniciando una trayectoria que se extendió por 42 años y 7 meses. Su presencia constante y activa fue faro y ejemplo para todos quienes compartimos esta vocación de servicio. Dos veces presidió nuestro club, en los periodos 1995-1996 y 2006-2007, guiándonos con sabiduría, humildad y visión. En otras dos oportunidades asumió el cargo de secretario (1987-1988 y 2002-2003), ejerciendo con meticulosidad y responsabilidad una labor fundamental para el funcionamiento de nuestra organización.

Pero su contribución no se limitó a cargos formales: participó activamente en todos los comités y avenidas de servicio, dejando huellas profundas en cada proyecto y actividad emprendida. Su dedicación y constancia se reflejaban también en su asistencia ejemplar a las sesiones y en su presencia en cada iniciativa del club.

Evar fue mucho más que un rotario ejemplar; fue un mentor generoso para los jóvenes, entregando tiempo, energía y cariño como encargado de programas emblemáticos como RYLA, el Intercambio de Estudiantes y el club INTERACT. Bajo su liderazgo, decenas de adolescentes recibieron orientación, oportunidades de crecimiento y confianza para enfrentar nuevos desafíos. Su desempeño como director distrital para actividades con adolescentes enriqueció no solo a nuestro club, sino también al distrito completo, abriendo caminos de desarrollo personal y comunitario para cientos de jóvenes.

Resulta imposible olvidar sus viajes y acompañamiento a jóvenes de intercambio, donde su apoyo paternal marcaba la diferencia en la experiencia de quienes representaban a nuestro club y a Chile en el extranjero. En cada acción, Evar demostró que el verdadero liderazgo se ejerce desde el ejemplo y la cercanía.

La responsabilidad de Evar con los compromisos rotarios fue absoluta. Siempre cumplió con las donaciones a La Fundación Rotaria, alcanzando la distinguida categoría de Socio Paul Harris Más Cinco. Este gesto, repetido año tras año, refleja su convicción en los valores y la misión de Rotary, así como su firme voluntad de aportar al bien común.

A lo largo de los años, apadrinó a cuatro socios activos, transmitiendo con generosidad su experiencia y acompañando a cada uno en su camino dentro del club. Su influencia traspasó generaciones, y hoy muchos de nosotros seguimos su ejemplo, inspirados por su entrega y cariño.

 

Evar fue cofundador del Rotary Club Ancud Pudeto, ampliando la familia rotaria en nuestra ciudad y multiplicando las oportunidades de servicio.

Además, promovió activamente el hermanamiento entre los clubes de Ancud y Esquel, entendiendo que la fraternidad no conoce fronteras y que el espíritu rotario se fortalece con el intercambio y la colaboración internacional.

El legado de Evar se expresa en cada socio apadrinado, en cada joven guiado, en cada proyecto impulsado y en cada sesión donde su palabra fue escuchada con respeto y afecto. Nos deja el ejemplo de una vida consagrada al servicio, al trabajo comunitario y a la formación de líderes comprometidos con la transformación positiva de la sociedad.

Más que nunca, sentimos el peso de su ausencia, pero también la responsabilidad de honrar su memoria perpetuando sus enseñanzas. Que su vida sea inspiración para todos quienes seguimos el camino rotario y para quienes buscan en el servicio una razón de ser.

Despedimos a un hombre que no solo habitó este mundo, sino que lo iluminó con una coherencia poco común. Evar nos enseñó que la paz no es un decreto, sino una construcción mutua. Él solía decir que la paz no depende ni del uno ni del otro, sino de ambos y así sucesivamente; una cadena infinita de voluntades que se entrelazan para sostenernos a todos.

Para Evar, la amistad era el eje de su existencia. No la entendía como un compromiso casual, sino como una fuerza transformadora. Nos repetía, con esa convicción que lo caracterizaba, que la amistad no cerca, sino que acerca; que no desencuentra, sino que encuentra; y que jamás dificulta, porque su esencia es facilitar.

Él creía firmemente que la amistad tiene el poder de alargar los días. Y lo hacía porque la verdadera amistad alumbra, nunca oscurece, incluso cuando la noche parece más cerrada. Evar sabía que la amistad es el suelo donde se funda lo que es fecundo, donde nace lo que de verdad crece. Pero nos dejaba siempre una advertencia, una semilla de nostalgia y de reto: «Lo que falta es la amistad verdadera».

Ese fue su norte. En su paso por Rotary, no solo llevó un pin en la solapa; llevó la honestidad como una armadura a toda prueba y el servicio como un mandato sin límites. Evar no servía por deber, servía por amor al prójimo, convencido de que un hombre solo es grande cuando se pone a disposición de los demás.

Al decirle adiós a través de estas líneas, nos queda su vacío, pero también su mapa. Nos toca a nosotros honrar esa honestidad inquebrantable y convertirnos en esa «amistad verdadera» que él tanto buscó. Que su luz, esa que no se apaga ni en la noche más oscura, nos siga guiando para que nuestras vidas, como la suya, también sean fecundas.

Evar Pérez Muñoz, gracias por tu entrega, por tu ejemplo y por tu inquebrantable amor al Rotary y a Ancud. Hoy despedimos a un amigo, a un líder y a un maestro, pero seguimos adelante con la certeza de que tu luz nos acompaña y guía.

Rotary te despide, Evar, como si estuvieses iniciando uno de tus largos viajes, acompañado por el eco de risas de amigos y el peso de mil historias compartidas. Pero sabemos, con el corazón apretado, que esta vez es distinto, Has emprendido ya el viaje sin retorno, ese que se inicia en paz, dejando atrás los sufrimientos que con tanta entereza sobrellevaste en el último tramo del camino.

Desde este puerto que era tu club y tu ciudad, partiste hacia tu amado Caulín, para descansar definitivamente al arrullo de ese mar y bajo la tierra que cobija a tus padres. Te vas, pero te quedas. Tu ausencia física es solo un velo, pues las paredes de nuestra Casa Rotaria quedan impregnadas de tu ánimo rotario y de ese afán de servir que fue tu brújula.

Nos queda a nosotros, tus amigos y compañeros, la tarea de emularte. Nos dejas el desafío de servir a la comunidad de Ancud con la misma pasión que tú entregaste como Maestro y Profesor, formando no solo mentes, sino corazones; como Guardián del Folclore, rescatando la esencia misma de nuestra isla a través del arte y la cultura; y como Visionario Cívico, con ese compromiso inclaudicable por honrar el Bicentenario de la Anexión de Chiloé a Chile y bregar por el desarrollo de nuestra comuna.

Tu vida fue una lección de identidad y servicio. Hoy, al cerrar esta última bitácora, te decimos que tu siembra no fue en vano. Nosotros seguiremos aquí, intentando estar a la altura de la huella que dejas marcada en la arena de tu querido Rotary Club Ancud.

Buen viaje, Maestroy recibe nuestro eterno agradecimiento. Que tu legado permanezca vivo en cada acción de servicio y en el corazón de quienes tuvimos el privilegio de conocerte y aprender de ti.

Descansa en Paz, amigo Evar.

Febrero de 2026

rwb

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